¿Cómo nacieron las mascotas?

La domesticación y doma de animales es un fenómeno relativamente reciente desde una perspectiva evolutiva; antropólogos y biólogos coinciden en que comenzó aproximadamente hace 8000 años a. de C., durante el periodo Neolítico marcado por el sedentarismo, es decir, cuando los seres humanos decidieron asentarse en un lugar y proveerse de recursos mediante la siembra de plantas y cría de animales.

Este fenómeno (que se estima duró 15 siglos en acercarse a lo que hoy conocemos), modificó drásticamente el entorno de aquellos últimos al estar confinados y, más importante, al ser alimentados por una especie diferente. Su crianza comenzó a llevarse a cabo de manera artificial.

En el caso de los lobos que fueron semidomesticados o domados (“domar” indica amansar a un animal violento mediante ejercicios y enseñanzas, de forma que termine por comportarse de una forma más pacífica con su entorno) y que dieron origen a los perros, el objetivo fue utilizarlos como herramienta, tanto para la cacería como para, posteriormente, cuidar de rebaños y animales acorralados.

Esta crianza selectiva incluía aspectos comportamentales: ejemplares más dóciles, que aprendían más rápido, y que en algún momento dejaron de ver a las ovejas (por ejemplo) como presas y aprendieron a esperar para recibir comida de parte de los humanos, sin invertir energía durante una cacería. Su conducta se modificó de tal manera que el impulso depredador perdió utilidad como tal, pero se ha mantenido de manera alterada en los perros actuales.

Teniendo esto como contexto, podemos entender mucho del origen del comportamiento de nuestros compañeros caninos, siendo el alimento el motor de todo.