¡Adopté un perro! ¿Qué hago?

La presentación de un lugar nuevo debe asociarse lo más posible a algo placentero. Tomemos en cuenta que de manera natural los cambios de ambiete producen estrés, el cual se puede traducir en miedo. Es por ello que el proceso debe hacerse de manera paulatina, así que debemos introducir a cada miembro de la familia, incluyendo otros animales, de manera independiente, favoreciendo siempre la calma, con voz baja, sin excitación.

Reforzaremos comportamientos deseables como la calma y que permita el contacto por medio de premios, los que pueden ser desde una caricia hasta golosinas para perros; pero si observamos que amenaza mostrando dientes, ladra o lanza mordidas, hay que buscar asesoría. No minimicemos ninguno de estos signos.

Al reforzar con premios, debe hacerse poco a poco, observando de manera más clara que accede el acercamiento y tener contacto con él. Al detectar tranquilidad, por ejemplo, que explora y huele el entorno, mueve la cola cuando le hablamos y se acerca buscando el contacto, podemos empezar a jugar. Una de las principales herramientas para educarlo es durante el juego, poniéndole poco a poco collar y correa, que lo asocie a algo positivo (juego o paseo). Si nunca ha tenido contacto con ellos, buscará quitárselos y le generarán estrés. Para ello le pondremos la correa y premiaremos (que nos preste atención), sin gritos y dando al mismo tiempo alguna instrucción breve (“quieto” o “paseo”), empleándola siempre y de la misma manera.

Trabajar una o máximo dos instrucciones por semana. Analicemos cómo aprende; al darle una orden rápidamente la asociará a la acción que se premia. Logrado todo lo anterior, es tiempo de socializar más allá de la casa. Como todos los perros, necesitará paseos, durante los cuales se topará con sus pares y personas desconocidas, y que quizás asocia con experiencias negativas. Observémoslo, premiando la calma.

Debemos hacerlo sentir seguro caminando con seguridad, llevando la correa floja y corta. Al inicio evitemos ambientes con mucho movimiento de gente y animales, para tener más control de sus acciones. Limitemos las visitas mientras dura el proceso de adaptación; ya ganada la confianza podremos interactuar de manera cómoda.

Algunos perros tomarán más tiempo, pero con paciencia y dedicación lograremos que poco a poco se integre a la dinámica de la vida familiar y social. Parte de la responsabilidad es evitar la reproducción sin control. Si viene de un albergue o institución seria y responsable, ya estará esterilizado, pero si lo recogimos de la calle, es nuestra responsabilidad. El veterinario dirá la edad ideal para hacerlo sin ningún riesgo.

¡Compartamos la experiencia! Si todo se llevó a cabo de la mejor manera y resultó en una relación para toda la vida, invitemos a otras personas a que adopten: muchas familias tienen el auténtico deseo de adoptar uno, pero no saben cómo.

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