¿Mi perro es alérgico al alimento?

Una alimentación responsable es ingerir una cantidad equilibrada de proteínas, carbohidratos y grasas, además de vitaminas, minerales, fibra y agua, sin abusar de ninguno de ellos ni tampoco se desequilibre su saludable balance que, según se dice, garantiza una menor tendencia a padecer enfermedades que tienen su origen en un régimen erróneo de alimentación.

Estoy de acuerdo con el comer sanamente y, en consecuencia, procurarlo también con quienes dependen de nosotros, tanto seres humanos como otras especies animales. Por desgracia, algunos padecimientos (entre ellos las alergias), pueden aparecer por muy sana y equilibrada que sea la dieta.

En cuanto a perros y gatos, no sabemos con exactitud con qué frecuencia estas alergias pueden ser ocasionadas por el alimento, pues muchos factores tienden a influir en su desarrollo, además que en México no contamos con estudios epidemiológicos que hayan medido, estadísticamente, dicha periodicidad. Algunos expertos en Estados Unidos, Canadá y Europa, consideran que alrededor del 30 % de las alergias caninas y felinas están relacionadas en algún grado con la alimentación.

Conocer mejor ese tipo de padecimientos a través de sus características clínicas más relevantes, la manera más confiable de diagnosticarlas y el tratamiento más idóneo que puede recomendarse, es el objetivo del presente escrito.

La mayoría de los expertos coinciden en describir a la alergia como una reacción inmunológica exagerada y repetible que conlleva, necesariamente, el paso del alérgeno (la sustancia que origina una reacción alérgica, que puede ser de tipo aéreo o ambiental, alimentario o de contacto) a través de epidermis, mucosa intestinal o mucosa de las vías respiratorias, su reconocimiento por parte de un tipo específico de glóbulos blancos y su exposición a otra clase de glóbulos blancos que son una especie de director de orquesta (esto si comparamos la respuesta inmunológica con una sinfonía): los linfocitos, que dirigen todas las respuestas de carácter inmunológico en el organismo.

Cuando les presentan un alérgeno, lo reconocen y se diferencian en distintos tipos de linfocitos que cumplen diferentes funciones, como las células plasmáticas, las cuales producen anticuerpos. En el caso de un paciente alérgico, producirán un tipo de anticuerpo (inmunoglobulina E o IgE), que ingresará al torrente circulatorio y se unirá, en distintos tejidos, a otras células que a su vez van a iniciar y amplificar las respuestas inmunes e inflamatorias que tienen lugar en las alergias.

Pero, ¿a qué se deben las alergias?

Se desconocen las causas por las que un individuo puede llegar a ser alérgico. En seres humanos el consumir ciertos alimentos (lácteos, huevo, leguminosas y carnes) cuando están en la primera infancia, especialmente si sufren de gastroenteritis severas, puede predisponer al desarrollo de estos padecimientos. Otra razón podría ser que, durante el embarazo, la madre consumiera en demasía algunos alimentos de este tipo.

No obstante, el motivo mejor conocido y que es el único que ha sido plenamente demostrado en perros y, para muchos expertos debe estar siempre presente, es la predisposición genética.

Si tomamos en cuenta lo anterior, podremos entender por qué no siempre tener una alimentación “muy saludable” logra evitar que se desarrolle una alergia. De hecho, una aseveración muy común es que las de tipo alimentario se deben a que los alimentos ahora contienen “una gran cantidad de antioxidantes, hormonas, conservadores y otros aditivos”.

Pero lo anterior dista muchísimo de ser siempre cierto, pues aunque hay casos que sí pueden originarse de tales sustancias, la mayor parte de las veces el alérgeno principal son las proteínas, tanto de origen animal como de origen vegetal. Si lo anterior es cierto para las personas, lo es aún más para perros y gatos, en los que las alergias al alimento debidas a aditivos se han podido demostrar en contadas ocasiones.

Ahora bien, es cierto que hay proteínas más alergénicas que otras y aunque se desconoce el motivo exacto, sí sabemos que se debe en parte al tamaño de la molécula (proteínas de mayor tamaño tienden a ser “más alergénicas”) y a la frecuencia de exposición, es decir, entre más se exponga a determinadas proteínas, más probable es que con el tiempo pueda sensibilizarse a alguna de ellas.

Es importante tomar en cuenta también que con frecuencia un paciente alérgico a determinado tipo de alérgeno, por ejemplo, al polen, con el tiempo puede desarrollar alergia a otros tipos de elementos, volviendo a este caso, la carne o la lana. De lo anterior se deduce que la alergia al alimento es más común ante comidas normalmente consumidas por el perro o gato y menos frecuente (aunque ocurre) hacia alimentos recientemente administrados.

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