Nibelungo: el fabuloso gato de la niebla

Hace poco más de dos mil años, los gatos salieron de Egipto, su tierra natal, empezaron a formarse distintos tipos de gatos que con el tiempo darían origen a las razas que se conocen hoy en día.

En un principio y en muchas ocasiones, los rasgos que empezaron a diferenciar a esos tipos de animales, fueron resultado de mutaciones naturales que tal vez favorecieron la adaptación a las nuevas condiciones (geografía, clima) a las que se enfrentaban los gatos que durante tres milenios habían vivido en el País del Nilo y cuya morfología no había cambiado a lo largo de ese extenso periodo de tiempo.

De este modo fueron apareciendo razas de forma natural, producto de dichas mutaciones y sin la intervención de los seres humanos, quienes únicamente han continuado su crianza para evitar que desaparezcan, algo que sería en verdad muy lamentable.

No obstante, otras muchas razas han sido creadas obedeciendo a las preferencias de los criadores, quienes han manipulado la reproducción y la genética de ciertas poblaciones de gatos, para obtener, ejemplares primero y razas después, con ciertas características que les parecen atractivas o interesantes.

En el caso del Azul Ruso, ancestro directo del Nibelungo, todo parece indicar que se formó de manera natural y que es descendiente de gatos que llegaron a las orillas del Mar Blanco hace varios siglos, adaptándose a las duras condiciones de aquellas gélidas costas. Buen ejemplo de ello es su pelo de foca, que lo protege del intenso frío que azota buena parte del año a esa región y que a pesar de ser muy corto es tan tupido que este felino no tiene problema para resistir temperaturas muy por debajo de los 0° centígrados.

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