Mi perro no es sociable ¿por qué?

Por: Shaytán Pajiv Villaprez Cannegro

Thor es un Pastor alemán hermoso comprado en una tienda, pero con algunos problemas: no le gustan otros perros, le aterran los camiones, se abalanza sobre sus vecinos, ha mordido a algunos corredores, no acude cuando se le llama, no le agrada que lo toquen, odia que el veterinario lo inyecte, etcétera.

Einstein, por su parte, es un mestizo vivaracho que solía vivir en las calles pero fue adoptado hace poco, es el perro que todos los niños quieren pasar a saludar al regresar de la escuela, los adora porque siempre le regalan una galleta o una caricia que él gentilmente acepta. A su humana le encanta llevarlo al parque donde gusta de conocer nuevos perros y personas, él no duda en seguirla cuando ella lo llama para regresar a casa.

¿Por qué son tan diferentes estos perros?

Tal vez sus razas influyan, pero hay algo mucho más importante que marca esta diferencia: Einstein es un perro socializado desde pequeño con una amplia gama de cosas, seres y situaciones en las que lo positivo de sus experiencias construyeron su confianza; Thor pasó toda su infancia y adolescencia aislado de experimentar el mundo. Y las pocas experiencias que tuvo en el exterior fueron más bien negativas.

La evolución nos ha moldeado a todos los animales para una cosa: que nuestra especie sobreviva. Es por ello que durante nuestro desarrollo, al llegar a cierta edad, todo aquello con lo que no estamos familiarizados de manera positiva lo evitamos.

La socialización es uno de los procesos más importantes por los que un cachorro necesita pasar, suele ser provisto y regulado por su madre. Pero si la crianza está en manos de un ser humano, es su responsabilidad proveerle de una variedad de experiencias suficientes y con resultados positivos que cubran los principales entornos y situaciones que experimentará durante su vida (manejo que distingue a un criador profesional y ético de un vende-perros).

Es otra forma de vacunarlos, es una vacuna psicológica, tan obligada como las físicas. Y la mejor manera de decirle a un cachorro que el mundo es un lugar que vale la pena experimentar, es a través del juego.

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