Otros perros y Goya

Por: M.V.Z. Luis Fernando De Juan Guzmán

Ya hemos hablado de el pintor, grabador y dibujante español Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), reconocido como uno de los más grandes artistas de todos los tiempos, no sólo por la innegable calidad de su obra, sino también porque fue él quien sentó las bases para la pintura moderna y contemporánea en Occidente. En esta ocasión hablaremos de trabajos suyos que nos dejan conocer a los perros de la época. 

En El quitasol, una obra muy conocida de Goya, aparece una bella muchacha y un mancebo que la cubre del sol con una sombrilla. En el regazo de la chica aparece enroscado un pequeño perro somnoliento, casi completamente negro, que entreabre unos ojos enormes y saltones que parecen buscar a quien mira la escena. En este caso se trata de un perrillo de compañía, acostumbrado a las atenciones y los mimos.

También en El cacharrero aparece un can profundamente dormido, mientras que en La cometa Goya retrató a un perro que parece despertar con el ruido provocado por quienes observan un papalote remontando el vuelo. En el caso de La acerolera, se puede apreciar un can pequeño de largas orejas, en definitiva un spaniel.

Una obra muy interesante del pintor es Niños con mastines, en la que representa a un par de grandes molosos que son acariciados o manejados, por dos muchachos. La composición del cuadro reserva al espectador una sorpresa, ya que a simple vista se observa con toda claridad a un mastín que fue retratado de perfil, pero si se pone atención, debajo del brazo del chico del primer plano, se nota la masiva cabeza de otro mastín que está viendo directamente a quien mira la pintura.

Este ejemplar puede pasar desapercibido para algunas personas que no reparan en su presencia, pues al ser pintado casi de frente, con colores obscuros y además detrás del niño y del primer can, su cuerpo queda oculto y es casi imperceptible para un observador poco atento. Si se inspecciona con mayor detalle la imagen, también es posible descubrir las patas del segundo perro.

Por otro lado, la morfología de los animales, en especial la del perro visto de perfil, también es digna de atención, ya que el ejemplar presenta un patrón atigrado pero con el pelaje extremadamente corto y a pesar de que tiene rasgos de mastín español, también recuerda un poco al mastín que desde la época romana fue criado en la región de Nápoles.

No hay que olvidar que esta región de Italia estuvo dominada por España desde 1443 hasta 1713, por lo que no sería raro que Goya pintara en esta obra a perros que de acuerdo a sus rasgos, probablemente eran descendientes de antiguas cruzas entre mastines españoles y napolitanos, cruces realizados con el objetivo de hacerlos más feroces y mejorar así la función de esos animales en la caza o en la guerra. Dicha bravura queda de manifiesto en el hecho de que ambos molosos están embozalados.