Peludo nuevo en casa… ¿Lo llevo al veterinario?

Antes de salir corriendo al veterinario es mejor dejar que se “acostumbre” a su nuevo hogar y empezar a reconocer qué es lo normal en él. Sólo debemos preocuparnos si vomita o tiene diarrea, pero si no presenta nada de esto lo ideal es que nuestro amigo pase por lo menos una semana en “observación”.

En la primera visita necesitaremos una transportadora si es cachorro o una correa si es adulto, una manta y un contenedor pequeño de agua para que pueda beber una vez que lleguemos al consultorio. Antes y durante el trayecto es mejor evitar alimentos, pues podría estimular náuseas o vómito.

En la primera visita se hará una inspección general y, si fuese necesario, algún estudio especial para descartar enfermedades. Los veterinarios buscan detectar alteraciones en el desarrollo, enfermedades transmitidas de la madre al hijo, padecimientos adquiridos en el medio ambiente o afecciones virales. También se evalúa la dieta, pues cualquier deficiencia puede traer padecimientos en un futuro.

Este es el momento para aclarar todas nuestras dudas sobre la raza, educación, enfermedades y manejos médicos. Generalmente ahí se iniciará un protocolo de desparasitación y un calendario de vacunación. En los cachorros aún hay un sistema inmunológico inmaduro, por lo que debe darse un lapso de 15 días entre cada estímulo para que responda de la mejor manera.

Para facilitar las visitas se recomienda acordar con tu veterinario visitas en donde sólo acudan para darle un premio, esto ayudará a la asociación positiva y facilitará que nuestro pequeño no genere ansiedad ante las idas con el médico.

Muchas veces nosotros estamos muy ansiosos ante las inyecciones, pero recordemos que nuestra mascota asociará nuestro lenguaje corporal y podría convertirse en una experiencia muy desagradable. A veces lo mejor será dejar que un ayudante sujete a nuestro chiquitín en el momento de la aplicación.