Higiene de las glándulas perinanales

Las glándulas perineales, también llamadas glándulas anales o sacos anales, son dos glándulas que constantemente generan una secreción de consistencia líquida que vierten en la última porción del ano.

Esta secreción es similar al almizcle que otros animales producen; además tiene la característica de ser de un aroma penetrante y  desagradable para el olfato humano. Se localizan a los lados del esfínter anal, más próximos a la base de la cola que a la región genital.

Como todas las secreciones que un perro genera, su aroma característico brinda información a otros individuos de su misma especie, motivo por el cual es completamente normal ver que los perros husmeen la región perineal de sus congéneres.

Se sabe que esta secreción brinda a otros individuos información importante para desenvolverse (como el sexo de cada individuo, su edad, si está enfermo, entre muchos otros datos) y además funciona para marcar el territorio. Esta secreción está presente en las deposiciones, ya que su secreción se estimula en cada evacuación.

¿Por qué limpiarlas entonces?

Es común que un perro que se encuentra en una situación estresante y fuera de lo común, como puede ocurrir después de una pelea, tenga mal olor después del desafortunado encuentro y requiera un baño completo para eliminar el aroma característico ocasionado por la secreción de estas glándulas durante el evento.

Como se mencionó al inicio, la consistencia de esta secreción debe ser líquida. Sin embargo, la falta del drenaje esporádico de estas glándulas propicia que la secreción contenida en estos “sacos” se torne pastosa, lo cual aumenta el riesgo de que el canal por el que se vierte el contenido al exterior quede ocluido.

Por lo anterior, se recomienda que por lo menos cada mes un profesional en el cuidado de perros y gatos estimule la liberación de esta secreción, para prevenir o detectar anomalías que requieran revisión médica cuidadosa.

Hay enfermedades asociadas a la higiene deficiente estas glándulas, como la oclusión de su conducto antes mencionado. Si se ejerce una presión excesiva sobre unas glándulas cuyo conducto está ocluido, la secreción contenida podría ser expulsada por un orificio alternativo al natural, llamado fístula.

En muchas ocasiones estas lesiones son motivo de consulta, donde el veterinario encuentra durante el examen físico unas glándulas perineales sumamente inflamadas con costras, que al retirarlas permiten observar el hueco que permitió la salida de la secreción.

Es indispensable realizar uno o más lavados cuidadosos de la zona, implementar una terapia con antibióticos, antinflamatorios y analgésicos durante el tiempo necesario para permitir la recuperación del tejido.

La oclusión de estas glándulas representa la mayor cantidad de casos de enfermedad de este tejido, que afortunadamente con un tratamiento médico adecuado y la participación de los dueños de la mascota, tendrán una resolución favorable.