“Como perros y gatos” ¿Mito o realidad?

Perros y gatos son depredadores, es decir, para sobrevivir deben cazar su comida, por ello todas esas conductas involucradas en el comportamiento alimenticio siguen presentes en ellos, aunque ahora sólo “cacen” croquetas servidas en un plato.

Sí, los perros y los gatos son cazadores natos, pero la buena noticia es que ese comportamiento puede ser modificado para una convivencia armónica.

Es falso que deban vivir peleando “como perros y gatos”, y al contrario, pueden desarrollar lazos muy fuertes y profundos. Para ello deben ser presentados en sus respectivas etapas de socialización, en el perro es de la 4ª a la 12ª semana de edad, y en los gatos de la 2ª a la 7ª u 8ª semana de edad.

Pero ¿qué pasa si tienes animales adultos y quieres que vivan juntos sin peligro?

La respuesta es simple: debes hacer un trabajo conductual para que aprendan a tolerarse y a no cazarse entre sí.

Sin embargo debes ser consiente que existen prohibiciones en este proceso de adaptación:

  • Dejarlos pelear: Entre perros y gatos no es un juego aceptable.

 

  • Forzarlos a “ser amigos”: Si no quieren estar cerca el uno del otro, déjalos. Buscamos que se respeten, no que se adoren.

 

  • Regañar a uno por “portarse mal con el nuevo”: Basaremos este respeto en estímulos positivos. Lo incorrecto se corrige, no se castiga.

 

  • Dejarlos solos y juntos en casa, sin supervisión: Debes comprobar antes que no se agredan ni estando quietos, ni en movimiento.

Si lograste una convivencia relajada y respetuosa entre ambos, conviene que hagas lo siguiente:

  • Coloca repisas: crea un “segundo piso” para el gato, así podrá huir cuando lo necesite.

 

  • Transfiere feromonas: con una toalla o trapo en común, acaricia al gato (mejilla, barbilla y base de la cola) todos los días para facilitar la transferencia de olor. Después acaricia al perro y viceversa.

 

  • Intercambia territorios: cuando el nuevo gato parezca estar cómodo en el cuarto de transición, rota los lugares. Si es temeroso, evita su acceso al cuarto de transición mientras explora el resto de la casa.

Con repeticiones exitosas, los periodos de interacción se pueden incrementar en duración, y la supervisión humana se puede reducir gradualmente hasta que perros y gatos vivan en armonía.